¿Qué es el Déficit de Presión de Vapor (DPV)?
El Déficit de Presión de Vapor (DPV) es una variable climática que mide la diferencia entre la cantidad de humedad que hay actualmente en el aire y la cantidad máxima que ese aire puede retener a una temperatura específica antes de condensarse.
Se mide en kilopascales (kPa) y cuantifica el “poder de absorción” del ambiente.
A diferencia de la humedad relativa, el DPV es un valor absoluto que determina directamente la tasa de transpiración de un cultivo; un DPV óptimo (entre 0.8 kPa y 1.2 kPa) asegura la correcta absorción de agua y nutrientes, mientras que un DPV extremo causa estrés hídrico o proliferación de hongos.
Si bien se dice comúnmente que el DPV es útil sólo en cultivos de interior o invernaderos, este concepto es erróneo. Conocer el DPV es vital tanto para cultivos de interior como de exterior, ya que permite predecir el crecimiento, prevenir plagas y anticiparse a las heladas.
En resumen: El DPV es un valor en kilopascales (kPa) que mide el ‘poder secante’ del aire, determinando cuánto esfuerzo debe hacer el cultivo para transpirar.
Tabla de DPV:
Para facilitar la explicación, hemos calculado los valores del Déficit de Presión de Vapor para un rango de temperaturas (de 0 a 38°C) y humedades relativas en un documento de Excel. Además, incluye una calculadora para que puedas obtener el DPV rápidamente.

Descarga la tabla y la calculadora de DPV acá
DPV Óptimo (0.8 - 1.2 kPa):
Este es el escenario ideal, donde todo funciona en armonía. El aire tiene la capacidad perfecta para evaporar la transpiración del cultivo a un ritmo saludable.
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Flujo de nutrientes: Al transpirar constantemente, el cultivo crea un efecto de succión (capilaridad) que absorbe agua y nutrientes desde las raíces hasta la punta de las hojas.
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Fotosíntesis máxima: Los estomas (poros de las hojas) permanecen abiertos absorbiendo CO2, lo que acelera el crecimiento y el engorde del fruto o flores.
DPV bajo ( < 0.4 kPa):
El aire está casi saturado. El cultivo intenta transpirar pero el ambiente no absorbe esa humedad.
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Deficiencia de nutrientes (Especialmente Calcio): Como no hay flujo de agua ascendente, los nutrientes pesados e inmóviles no llegan a las partes altas. Esto causa necrosis (puntas de las hojas quemadas) o la clásica podredumbre apical en la base de tomates y pimientos.
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Explosión de enfermedades: La humedad se queda estancada sobre la superficie de las hojas y tallos. Es el ambiente perfecto para que germinen esporas de hongos destructivos como la botritis (moho gris) o el mildiu.
DPV alto ( > 1.5 kPa):
El ambiente es caluroso y/o extremadamente seco. El aire actúa como una aspiradora potente que le roba el agua al cultivo más rápido de lo que las raíces pueden reponerla.
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Disminución del crecimiento: Para evitar morir deshidratada, el cultivo cierra sus estomas por completo. Al hacer esto, deja de absorber CO2, por lo que la fotosíntesis se paraliza y se detiene el crecimiento.
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Estrés Visible: Las hojas se curvan hacia arriba (para retener sombra), se vuelven crujientes, los tallos pierden fuerza y los frutos pueden arrugarse o abortar prematuramente.
El DPV bajo cero: Riesgo de heladas
Cuando la temperatura cae por debajo de los 2°C, el aire frío pierde casi toda su capacidad de retener humedad. Por eso, en temperaturas bajo cero, un DPV de apenas 0.20 kPa ya significa que el aire está extremadamente seco. Aquí, el DPV define qué tipo de helada atacará a nuestro cultivo:
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Helada Blanca (DPV nulo: < 0.18 kPa): Ocurre cuando hay mucha humedad ambiental. La humedad se congela sobre el cultivo, formando escarcha. Aunque parezca terrible, esta “helada blanca” a veces actúa como un iglú, creando una capa aislante sobre el cultivo y sus frutos, lo que protege los tejidos internos de una congelación más profunda. En la tabla de DPV, este rango se representa con el color azul claro.
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Helada Negra (DPV seco: > 0.18 kPa): En este caso, el ambiente está frío pero muy seco, por lo tanto no se puede formar la escarcha protectora. El frío extremo penetra directamente al cultivo, congelando la savia y el agua en su interior. Las células son destruidas y la necrosis es, en la mayoría de casos, irreversible. En la tabla de DPV, este rango se representa con el color gris.
Caso de Éxito: Monitoreo automático con Estación Agrometeorológica Centinela
Usar la tabla o la calculadora es un excelente primer paso, pero las condiciones climáticas cambian minuto a minuto. Estar revisando termómetros e higrómetros constantemente no es escalable ni práctico para un productor moderno.
Camilo de Bernardi, dueño de la reconocida Bodega de Bernardi (Patagonia, Argentina), utiliza las Estaciones Agrometeorológicas Centinela para monitorear su microclima, calcular el DPV en tiempo real y prevenir el daño por heladas.
Con Centinela, Camilo automatizó este proceso. El sistema procesa los datos segundo a segundo, brindándole dos grandes ventajas operativas:
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Alertas Preventivas: Recibe notificaciones en su celular cada vez que la tendencia del clima (DPV alto y caída rápida de temperatura) indica que se aproxima una devastadora helada negra.
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Detección de Temperatura Crítica: El sistema monitorea la curva de temperatura y le avisa el momento exacto en el que debe activar el riego por aspersión.
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